Cuando  caminaba por la montaña, envuelta en la niebla, sintiendo cómo ese claroscuro paisaje me abrazaba y acompañaba mis pasos, me acordé de una frase que me dijeron “Inés, admítelo estas en el manicomio“, no es la primera vez que me lo dicen, pero sí la primera vez que me lo dicen directamente, lo reconozco, estoy en un manicomio, es un manicomio que pocos se atreven a entrar y a conocer y mucho menos se animan a iniciar el camino con los locos que vivimos aquí, no estaría en mejor lugar que este, soy loca como muchos otros locos por el mundo, porque para los que no aceptan nuestro estilo de vida somos unos locos, porque vamos contracorriente, pero lo curioso es que a pesar de ello somos felices, amamos lo que optamos y lo que vivimos, no es todo color de rosa, no; ni todo es color de hormiga, tiene buenos y malos momentos, pero la alegría de vernos unidos, estar viviendo bajo un solo techo un grupo de personas de diversas nacionalidades y de caracteres tan diversos es una Gracia, porque no estamos por algo pasajero, sino que nos sentimos llamados a vivir aquello que Jesús vivió desde una realidad diferente, no digo de una manera RADICAL, pues todos estamos llamados a vivir radicalmente nuestro ser Cristiano Católico, no es una característica exclusiva de la vida Consagrada, sino de todo bautizado; todos tenemos algo de locos, algunos mas que otros, pero la locura de cuidar al necesitado, de tratar de estar a su lado, el de acompañarle o la simple sonrisa ya es mucho, ¿soy una loca?, si lo soy. Prefiero vivir en un mundo de locos que en un mundo de cuerdos, porque la locura te llega a asumir mas riesgos que nada y a mirar hacia delante, porque un mundo cuerdo solo se preocupan de los que están “bien”, nosotros los locos nos preocupamos de todos los que están a nuestros lado y de los que están lejos.

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