Cuando te dirijas a tu trabajo, hazlo dichoso. El trabajo que haces es digno de tu persona

Aunque sea pequeño, en apariencia, es de mucha responsabilidad para ti y para el mundo.

Nunca olvides de agradecer a Dios por el trabajo que te proporciona el pan de cada día.

Llega tu trabajo con el corazón contento y se convertirá en pasatiempo y estímulo, fuente de alegría desbordante y la felicidad inmensa, para cada día que empieza.

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Dios nos guía, siempre y orienta nuestra vida.

Pero necesitamos sensibilidad, para escuchar su voz, y aprender a interpretarla en las mil y una circunstancias de la vida, y remontarnos a las mejores alturas del espíritu que nos anima.

Procura meditar en silencio y escucha la voz de Dios, tu guía que nunca te abandona.

Si no nos esforzamos, nunca alcanzaremos la cumbe de la montaña.

No pierdas los ánimos a mitad del camino: sigue hacia adelante, que los horizontes se volverán amplios y maravillosos, en la medida en que subes.

Pero nada de ilusiones, porque sólo alcanzarás la cima de la montaña si estás decidido a enfrentar los rigores de la marcha.

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