Cuando estés en la noche

oscura del sufrimiento no culpes

a Dios, no te culpes a ti mismo, ni

culpes a los demás.

 

En lugar de ahogarte con la culpa,

fortalece tu espíritu con la oración,

buenas lecturas y el apoyo

de quienes te aman.

 

No te concentres únicamente en

tus penas y valora todo lo bueno que

aún puedes disfrutar.

 

Dios nunca te abandona y está

allí contigo aunque a veces no lo

sientas. Sigue adelante y verás como

puedes más de lo que crees


Dios esta a tu ladito.

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