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El placer debilita el alma, corrompe la vida, deforma el carácter; mientras que el dolor fortalece, devuelve el temple al espíritu y forma la personalidad. El placer hace al hombre egoísta, insensible, hosco, únicamente el dolor abre hacia la comprensión.

Los demás: los que viven a nuestro alrededor, en el dormitorio de nuestro mismo hospital, en la oficina, en el trabajo, en la calle, en casa, las personas a las que nos unen vínculos de sangre o de amistad, aquellas que hemos elegido nosotros o que la naturaleza o las circunstancias nos han impuesto; y son tantas y tan distintas por temperamento, por condición, por perfección…

No todos nos resultan simpáticos inmediatamente y por completo. Casi terminan por molestarnos, por decepcionarnos, por despertar en nosotros sensaciones de desprecio, de crítica, de repulsión. Entonces resulta fácil la murmuración, la desconfianza, las apreciaciones poco generosas.

Los jóvenes, por lo general, no saben comprender las dificultades en las que se encuentran los padres; los inexpertos no pueden comprender los problemas de quien ha de responder por una familia o por un negocio. Y quien no ha pagado todavía su tributo personal al sufrimiento, no puede identificarse con los dolores, las preocupaciones, las angustias de sus semejantes.

Con el paso de los años y con el aumento de las penalidades personales se va abriendo camino, en nuestro corazón, la comprensión sincera para el enfermo, para el atormentado, para el caído, para el humillado. Y refinado el propio espíritu en esta escuela de la grandeza, nos será posible contemplar con dignidad y comprensión las miserias y las amarguras del que camina a nuestro lado.

Ciertas llagas de nuestro prójimo solo se pueden tocar con las manos traspasadas por clavos. Solo una vida dolorida puede consolar el dolor de los hermanos. Es necesario sufrir mucho para poder ofrecerles algo. Y nuestro día mejor será aquel en que más hayamos sufrido.El-Dolor

Un comentario sobre “El dolor ayuda a comprender a los demás.

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