Jesús históricamente murió y resucitó.

En nuestros días sigue sufriendo en nosotros. Y también sigue resucitando. Lo mismo que cada día vamos muriendo un poco, también cada día podemos ir resucitando un poco. Sufrimos con Cristo, pero al mismo tiempo vamos también resucitando con El.

Cualquier adelanto en una comunidad es ya un paso chiquito de la muerte a la vida: todo avance en ser más persona, más unidos, más libres, es un camino hacia la resurrección junto con Cristo resucitado. Todo lo que sea amor verdadero es un triunfo vivo sobre la muerte del egoísmo.

Resucitar hoy es no contentarse con la miseria sino luchar por vivir con entera responsabilidad. Luchar por ser hombres nuevos y construir un mundo nuevo.

Debemos compartir la cruz diaria del compromiso por los hermanos y al mismo tiempo la resurrección diaria de los pequeños triunfos. Sufriendo en el camino de la solidaridad con los marginados, vamos entrando en el triunfo glorioso de la resurrección.

Necesitamos tocar y disfrutar nuestras pequeñas liberaciones concretas, como pasos previos y anuncio de la liberación total de la resurrección.

La resurrección del pueblo comenzada por Cristo será completa cuando los pobres del mundo entero construyamos una sociedad justa. Entonces disfrutaremos de cielos nuevos y tierra nueva.

En Cristo resucitado, después de la muerte material, encontraremos ya maduros esos ideales por los que tanto sufrimos y luchamos en esta vida.

Cada cosa buena de la vida, cada triunfo del amor sobre el egoísmo, de la justicia sobre la injusticia, de la hermandad sobre la explotación, de la unión sobre la desunión, cada triunfo de estos es una demostración de la resurrección de Jesús en nuestras vidas. 

resucitar

Deja un comentario