Una de las figuras fascinantes del Antiguo Testamento fue el profeta Amós – un pastor del reino del sur (Judá) que fue llamado a profetizar en el reino del norte (Israel) durante el reinado de Jeroboán (786‐746 a.C.). Al reflexionar en su llamada divina como profeta él afirma:

El león ha rugido: ¿quién no temerá?
El Señor ha hablado: ¿quién no profetizará? (Amós 3,8).

Básicamente Amós sostiene que su acción profética era una respuesta natural a la palabra que había recibido del Señor. Dios le habló y, para ser auténtico consigo mismo ante el Señor, no tenía otra opción más que profetizar. No podía negar esta llamada más que alguien que se enfrenta al rugido de un león podría negar tener miedo. La imagen que ofrece Amós puede también aplicarse a la respuesta natural humana de la oración. Parafraseando al profeta: “El león ha rugido: ¿quién no temerá? El Señor ha hablado: ¿quién no orará?”

Esta intuición crea el marco para nuestra propia reflexión sobre la experiencia que guió y coloreó la vida de San Francisco. Las leyendas relativas al Santo están llenas de ejemplos de la centralidad absoluta de la oración en su vida que provenía de su profundo amor a Dios. En La Vida de San Francisco, escrita como parte del proceso de canonización de Francisco, Tomás de Celano refiere que, aún cuando participaba activamente en los asuntos de sus vecinos, el Santo estaba motivado y vivificado por la oración. Llega a esta conclusión afirmando:

111sfcosegrelles30Su puerto segurísimo era la oración; pero no una oración fugaz, ni vacía, ni presuntuosa, sino una oración prolongada, colmada de devoción y tranquilidad en la humildad. Podía comenzarla al anochecer y con dificultad la habría terminado a la mañana; fuese de camino o estuviese quieto, comiendo o bebiendo, siempre estaba entregado a la oración. Acostumbraba salir de noche a solas para orar en iglesias abandonadas y aisladas; bajo la divina gracia, superó en ellas muchos temores y angustias de espíritu (1C 71).

Al leer este pasaje en las fuentes franciscanas, y muchísimos más como este, no podemos evitar que nos impresione el increíble amor del Santo por la oración y el tiempo que le dedicaba. Para Francisco la oración era mucho más que una obligación o un requisito que procediera de su devoción a la vida religiosa. La Oración era más bien una característica esencial de su modo de ser en el mundo y una respuesta natural a la presencia del Señor en su vida. También queda claro que Francisco quiso compartir este don de la oración con sus seguidores. Esto se ve claramente en sus propios escritos que están llenos de espléndidas oraciones – pero más aun en su ejemplo personal. ORACION2

2 comentarios sobre “La oración de San Francisco de Asís: respuesta natural a Dios

  1. Podía comenzarla al anochecer y con dificultad la habría terminado a la mañana; fuese de camino o estuviese quieto, comiendo o bebiendo, siempre estaba entregado a la oración. Acostumbraba salir de noche a solas para orar en iglesias abandonadas y aisladas.
    Es extraordinaria su vida y santidad, una vez más se ve que sin oración no podemos caminar.
    Un saludo

  2. La oración de San Francisco está pesimamente traduzida o escrita
    . La segunda frase parece que un robot la escribio
    para que mejore la sintaxis sugiero que escriban asi: …………….donde existe ódio, lleve siempre el amor
    donde existe injuria , lleve el perdón
    donde existe duda, lleve la fé
    donde existe desesperación, lleve esperanza
    donde existe penumbras, lleve la luz
    donde existe tristeza, lleve alegria

    Porque es dando que se recibe
    es perdonando que se es perdonado
    y muriendo que se vive para la vida eterna

    espero que la crítica y la sugestion sean llevadas de buen agrado

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