Hay cosas que no se valoran “hasta que faltan”. Por ejemplo, ¿quién cae en la cuenta de la luz eléctrica, mientras alumbra? ¿Quién se da cuenta de la utilidad del agua corriente, mientras la podemos usar? ¿Quién valora el sol  y su luz, hasta que se nubla o se echa la noche? Y así podríamos pasar por todas y cada una de las cosas de que nos servimos, porque las necesitamos.

Pero si pasamos de las “cosas” a las personas, todavía es más evidente.  Cuando falta una madre, un hijo, una esposa, un buen amigo… es cuando se valora lo que significaban para nosotros y lo necesarias que eran.

Con estos ejemplos, quiero invitar a valorar lo que tenemos, antes de que falte. Y el hecho de valorar algo, lleva consigo agradecerlo. Un doble agradecimiento: a las personas, a los servicios… y a Dios.

Sí, a Dios, porque es el que está detrás de la bondad de esas cosas y de esas personas. ¿Le damos las gracias, cada mañana, por el regalo de un nuevo día, y por la noche, por los bienes recibidos durante el día? Se dice que “el que no es agradecido, no es bien nacido”.

Pero no solamente echamos en falta y valoramos cosas y personas, también se echan en falta y se valoran algunos gestos y actitudes. ¿No hay que valorar una sonrisa recibida, un buen trato, un favor, un apretón de manos, una mirada comprensiva, un elogio que no sea adulación,…? Y ¿no lo echamos en falta cuando lo esperamos y no se produce?

Pues bien, si nosotros echamos en falta esas cosas, tendríamos que tener suma atención a que a otros no les falte por nuestra parte.

Esos pequeños (¿pequeños?) detalles, esos modos y formas de comportamiento con los demás, deberían ser algo a lo que le diésemos mucha importancia. Son, un poco, como la sal en la comida. Si falta, ya no tiene el mismo buen sabor. ¡Y además no cuesta tanto!

Es bastante menos trágico carecer de agua corriente o de luz eléctrica durante unas horas, a pesar del descontrol que se origina, que no poder gozar de una buena acogida, de una buena cara, de un gesto de amistad, de una agradable sonrisa.

¡Hay cosas que no se valoran suficientemente, hasta que faltan!

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