A Escoto no le satisface la clásica definición de Boecio sobre la persona en cuanto «sustancia individual de naturaleza racional» y prefiere la de Ricardo de San Víctor quien presenta a la persona como «existencia incomunicable de naturaleza intelectual».

Para el Doctor Sutil la persona se caracteriza como ultima solitudo. «La personalidad exige la ultima solitudo, estar libre de cualquier dependencia real o derivada del ser con respecto a otra persona.» Una cierta incomunicabilidad va ligada a la existencia humana. La independencia personal es «lo más» que puede lograr para sí en su estado existencial y en su estadio itinerante. De este modo, la soledad es el profundo encuentro con uno mismo. La soledad no es vacío sino plenitud.

En la profundidad más íntima, la persona humana experimenta y vive el misterio de cada hombre, de todos los hombres, y, con ellos, se comunica. Por eso, puede afirmarse que lo verdaderamente solitario es solidario, que la soledad es solidaridad. El yo, en su profunda soledad, es siempre solidaridad de un tú, de un nosotros. Por eso, Escoto no se contenta con subrayar la categoría aparentemente negativa, como es la incomunicabilidad, sino que acentúa el otro aspecto claramente positivo, consistente en un dinamismo de trascendencia, en una relación vinculante, pues «la esencia y la relación constituyen la persona». La persona, pues, es estructuralmente relacional y vinculante ya que está óptica y constitutivamente referida y abierta a Dios, a los hombres y al mundo.

El hombre escotista no se encierra en el solipsismo metafísico, tentación permanente de las filosofías idealistas, sino que aparece claramente como apertura y relación, como ser indigente y vinculante. El hombre escotista lleva en sí gran impulso y dinamismo que se expresa como inacabado deseo o como razón desiderativa. Y, por ello, en actitud siempre abierta.

La persona humana necesita descubrir la propia subjetividad y profundizar en ella. Pero no puede encerrase en la subjetividad, sino que debe abrirse a la alteridad. Pertenencia y referencia son dos categorías existenciales que presuponen la ultima solitudo y la relación trascendental.

Escoto, con intuición genial, se adelantó a la filosofía dialógica que tanta importancia tiene en las antropologías actuales.

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